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Reseña:

Monsiváis, Carlos. Maravillas que son, sombras que fueron: la fotografía en México.

México: Era; Museo del Estanquillo; CONACULTA, 2012. 270 páginas. ISBN 978-607-445-200-6 (Era)

Es bien sabido que Carlos Monsiváis fue coleccionista de fotografías, y que llegó a reunir más de 20 mil piezas, con las cuales se realizó en 2015-2016 una exposición en el Museo del Estanquillo, que fue curada por el investigador y editor de la revista Luna córnea Alfonso Morales.

Esta es una obra póstuma, y cuando encontramos una así es difícil saber si esto es lo que hubiera querido realizar su autor. Por ello, cuando se emprenden trabajos para publicar los escritos de alguien sin su intervención, sean inéditos o ya publicados, se encomienda su edición a un especialista en la obra de ese creador, quien debe ser capaz de lograr un producto de calidad simulando el estilo deseado.

Se trata de una antología de varios escritos realizados en 1977 y hasta el año siguiente a la muerte del autor en 2010, que fueron concebidos para ser preliminares de libros como prólogos, presentaciones o introducciones, además de artículos de revistas y suplementos, y una conferencia. Desgraciadamente, en ninguna parte de esta compilación se dice quién realizó la selección y la edición literaria.

El libro que aquí se comenta se refiere a ese interés del autor en la fotografía, y consta de 26 capítulos distribuidos en tres apartados, además de que trae 58 fotografías de 20 fotógrafos y dos coleccionistas. La primera parte abarca 14 capítulos, la segunda tiene 11, y la tercera un texto.

La retórica de Monsiváis es barroca, con abundancia de detenimientos en conceptos que se describen desde diversas perspectivas consiguiendo un rico mapa semántico, y ubicándolos en el devenir histórico-cultural y dentro de contextos diferenciados por funciones o roles que se atribuyen a los sujetos.

El primer capítulo trata sobre los compromisos que se quisieron imponer a la fotografía en México en el siglo XX, así como sobre la búsqueda que emprendieron algunos fotógrafos para encontrar su propia expresividad. En particular, Monsiváis se complace en ensalzar la poética fotográfica de Manuel Álvarez Bravo.

Los capítulos dos a 14 tratan sobre las colecciones de Ava Vargas y Casasola, así como de los fotógrafos Sotero Constantino, Manuel Álvarez Bravo, Lola Álvarez Bravo, los Hermanos Mayo, Gabriel Figueroa, Armando Herrera y Héctor García.

La selección fotográfica incluida se encuentra entre las partes primera y segunda.

A partir de capítulo 15 y hasta el 25 se presenta la segunda parte, en la cual se incluyen descripciones de la fotografía de Mariana Yampolsky, Graciela Iturbide, Rogelio Cuéllar, Rafael Doniz, Pedro Meyer, Daisy Ascher, Yolanda Andrade, Lourdes Grobet, Francisco Mata Rosas y Francis Alÿs, además de una descripción de la sesión fotográfica de desnudo multitudinario que realizó Spencer Tunick en el Zócalo de la ciudad de México en el año 2007.

La tercera parte es una semblanza del fotoperiodismo en México, que inició como práctica en la década de 1940 teniendo como artífices a los Hermanos Mayo, con quienes coincidieron reconocidos fotógrafos como Francisco Patiño, Bordes Mangel, Héctor García, Enrique Metinides, Rodrigo Moya y Nacho López, los cuales conformaron una primera generación, a la que siguió otro grupo integrado por Luis Jorge Gallegos, Aarón Sánchez, Christa Cowrie, Pedro Valtierra, Omar Torres y Sergio Dorantes. Luego vino una tercera generación, integrada por Elsa Medina, Francisco Mata, Raúl Ortega y Eniac Martínez, entre otros. La última generación –la cuarta- la llama Monsiváis “de los beneficiarios del siglo y hacedores de nuevas visiones”, y está conformada con Víctor Mendiola, Daniel Aguilar y Ernesto Ramírez.

Este muestrario de fotógrafos es, no obstante, tratado de manera desigual debido a la procedencia diversa de los textos incluidos. Abona a esta percepción de desequilibrio que la selección parece responder a un criterio de tomar lo que hubiera, mientras la distribución plantea la pregunta sobre si en la primera parte están los fotógrafos más queridos de Monsiváis y en la segunda otros con los que trató y/o que se encontraron en su camino.

Otra posible explicación a este desequilibrio sería la composición de la colección fotográfica que integró Monsiváis. Sin embargo, dado que no se conoce suficiente sobre su integración, no es posible afirmar si este fuera el caso.

Un mérito de esta reunión de escritos es que muestra el trabajo del autor sin la edición que él hubiera realizado para hacer un libro, con lo cual el lector puede apreciar de manera comparativa la forma de escritura de Monsiváis, con sus repeticiones de citas y de formas de redacción, sus semejanzas aproximativas, su forma de describir conjuntos de imágenes como si hubiera una narración implícita que las hiciera comprensibles como discurso, así como sus tentativas para fijar las intenciones de los fotógrafos.
Un problema que encontramos es que en los textos preliminares de libros se refieren fotografías que debían estar dentro de los libros correspondientes, por lo que se ha perdido el sentido de esas referencias, aunque continúan dentro de estos textos como indicios.

Sería interesante saber qué habría sido este libro si Monsiváis aún viviera.

Robert Endean Gamboa

(REG, 2017)

 

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